Siempre he pensado que la actualidad es caprichosa. Esperarla es una pérdida de tiempo y cuando te sorprende puede pillarte en medio de cualquiera de tus quehaceres. De cualquiera. También de los más obscenos, espirituales o festivos, por qué no decirlo. Siempre lo he creído porque la trinchera del espectador es así, ingenua. La actualidad es en realidad de todo menos caprichosa. Al menos para el que la manipula muy a menudo.