Hay dos contenidos a los que España está enganchada: a los talent shows y a las series. En consonancia con los demás países occidentales, estos géneros gozan cada vez de mejor acogida. Aquí, como siempre, con demora, pero también. Tanto que hasta la política ha adoptado sus fórmulas y ha llegado a florecer el talent político por capítulos. La berlanguiana telenovela puigdemontiana es prueba de ello. Cada capítulo, un intento de superar el despropósito anterior. Las series, a la vista está, son moda. Y la moda, es noticia.