El Partido Popular y los Lumière

Hubiera sido desternillante presenciar aquella situación. Era una fría tarde en la Francia de 1896, en un céntrico local de billares de París, no muy amplio. Allí los todavía poco conocidos Hermanos Lumière presentaron su artilugio, capaz de convertir los sueños en proyecciones con movimiento. Allí presentaron uno de sus primeros films, el empujón definitivo al que posteriormente se calificó como ‘séptimo arte’. L’arrivée d’un train à La Ciotat –en español, La llegada de un tren a La Ciotat,– revolucionó la esfera cultural del momento.

Cuenta la leyenda, aunque totalmente verosímil, que los espectadores de aquella sesión se sobresaltaron. La corta película –no llega al minuto– mostraba cómo un ferrocarril se acercaba a gran velocidad a una estación, con un gran sentido de la perspectiva. Y pongámonos en el lugar del público. Pensemos que las únicas imágenes en movimiento que hemos visto han sido las que proporcionan nuestros ojos. La realidad es nuestra película. Si una imagen en movimiento ya sorprende, es mágica; que un tren te vaya a arrollar, o al menos que así lo crea nuestro cerebro precinematográfico, alarma al más incrédulo. Hubiera sido desternillante, como decía, haber presenciado cómo huían despavoridos de la sala los asistentes al espectáculo. Los Lumière debieron de soltar alguna que otra carcajada.

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Fotograma del film de Lumière
La gente en el Partido Popular está a punto de saltar de sus sillas y sillones, viendo cómo el ferrocarril ciudadano está a punto de atropellarles.

Saco a colación la historieta por su inevitable parecido con la actualidad. Y es que, como aquellos primerizos cinematográficos, la gente en el Partido Popular está a punto de saltar de sus sillas y sillones, viendo cómo el ferrocarril ciudadano está a punto de atropellarles. Y pruebas de este nerviosismo son los constantes rifirrafes entre diputados de una y otra formación, que en nuestra Comunitat alcanzaron su punto álgido en aquella batalla dialéctica entre Emigdio Tormo, diputado de Ciudadanos pero ex miembro del PP, y la portavoz adjunta de los populares, Eva Ortiz. Duro cruce de acusaciones sobre el pasado de Tormo y su relación con un caso de corrupción.

Emigdio Tormo
Emigdio Tormo (Ciudadanos) | P. PLAZA

Pero eso es tan solo la punta del iceberg. La contienda por la derecha ha llevado a naranjitos y azulones a sacar la reincidente lanza del anticatalanismo. Su competencia por intentar demostrar una supuesta hoja de ruta pancatalanista del Consell se ha convertido en norma. TV3 y Á Punt son siempre motivo, y no hablemos ya de la lengua. Obsoleta estrategia, pero actualmente el viento sopla a favor para los de Rivera gracias al rebufo de la crisis catalana. El contagio a la Comunitat es inevitable. Y eso, en el Partido Popular, lo saben.

El Botànic son los Lumière: echan la carnaza y esperan la reacción.
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El Botànic aplaude la aprobación de la Ley de Plurilingüismo en les Corts Valencianes | P. PLAZA

En el Botànic, miran. Y la boca se les hace agua. “Ha sido divertido”, escuché en una conversación entre socialistas, con el hemiciclo completamente vacío tras la comida. Hablaban de la disputa entre Ortiz y Tormo. Para el tripartito, ver cómo se daban de leñes en la arena fue eso: un espectáculo desternillante. El Botànic, y aquí no hay duda, son los Lumière. Con una sutil diferencia. Los Lumière provocaron el pavor, pero el tripartito es mero espectador de la comedia. Y de pancatalanismo no quieren oir ni hablar. Ya saben ustedes: la gente, los ciudadanos, etcétera. Eso sí.

Isabel Bonig es bien conocedora de que a casos de corrupción, no les gana nadie.
Maria Jose Catala
María José Catalá (PP) | P. PLAZA

Aunque nadie se atreve a admitirlo, es sabido que la campaña preelectoral ha dado comienzo a un año de los comicios autonómicos. Isabel Bonig es bien conocedora de que a casos de corrupción, no les gana nadie. Gürtel ya ha confirmado, a falta de sentencia, que su partido se financió ilegalmente. Y vendrán este año otros casos: Valmor, Taula, Brugal, Blasco, Grau, Palau, Emarsa, Castellano e IVAM. Esta losa, quieran que no, pesa. Y las encuestas auguran una debacle de considerables magnitudes.

Pero Ciudadanos en la Comunitat es el octogenario criticón de la familia, al que nadie escucha. Porque presidenciable, presidenciable, lo que podríamos llamar presidenciable, no tiene absolutamente a nadie. O pregúntenle a un ciudadano de a pie quién manda en tal cortijo. Así que la hoja de ruta es clara: aprovechar el tirón del norte y copiar el discurso a los populares. Si no, pregúntense por qué de la noche a la mañana bloquean una reforma electoral que antes impulsaban.

Los que montaron parafernalias ven ahora cómo aquellos tiempos de fastos y fiestas parecen haber llegado a su fin.

“Parece ser que se me ha terminado el tiempo”, se reía el conseller de Hacienda, Vicent Soler, cuando se le agotaban los minutos en una de sus intervenciones parlamentarias. Pero no es al único al que el reloj le queda pequeño. Los que montaron parafernalias ven ahora cómo aquellos tiempos de fastos y fiestas parecen haber llegado a su fin. Y están inquietos por cubrir el flanco derecho. “Divertido”. Así será el año que nos queda antes de ver cómo acaba esta película. Está por ver si el arrollo de Ciudadanos es una mera ilusión demoscópica o una verdadera vuelta de tuerca a la derecha valenciana.

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