El día de después

La huida hacia adelante de la Generalitat sigue su irresponsable y obligado curso. Irresponsable porque la depuración de responsabilidades ni se vislumbra . Y obligado porque, al fin y al cabo, el ejecutivo catalán había contraído este compromiso para con los deseos secesionistas.

Deseos, todo sea dicho, de una clase acomodada para poder gestionar completamente sus propios beneficios, de una clase corrupta que busca escaparse por las rendijas de una justicia que le huele el cogote. Deseos que, por desgracia, cientos de miles de catalanes han asumido con incuestionable ingenuidad como propios sin serlo.

Siguiendo el pasado domingo el despropósito, no pude evitar establecer ciertos paralelismos y antagonismos entre lo acontecido y la inocente comedia berlanguiana de posguerra. El bueno del alcalde de Villar del Río en la afamada Bienvenido Mr. Marshall anunciaba exultante la llegada de los americanos al atrasado campo de entonces. Y prometía así el oro y el moro para los villarujos, y estos le creyeron. Independencia y americanos; catalanes y villarujos. La promesa de una vida mejor.

“¡Os debo una explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a pagar!”, recitaba el edil desde el balcón, como debería haber anunciado el molt honorable President desde el Palau. Pero no ocurrió. Ni explicaciones dio, ni palos recibió, como muchos catalanes de a pie. Reproches, y muchos, eso sí. Lo que hizo como todos fue escurrirse el bulto. Policía, Rajoy, Europa, Mundo, y hasta el mismísimo sursuncorda.

Y aquí nos encontramos. Entre promesas de americanos y su llegada. A la espera de un recuento de votos sin orden alguno y que pretende alargarse como se retarda la visita de un yanki. Lo que sí sabemos con certeza es lo que ocurre en la obra. Los americanos llegan al pueblo. Y como llegan, pasan de largo. Y el pueblo sigue con su vida diaria. Eso sí, sin tristeza y con mucha honradez, todos y cada uno de los conciudadanos de Villar del Río, el día de después, pagaron como pudieron los gastos de una fiesta de recepción que nunca llegó a recibir. La cuestión aquí es si los ciudadanos catalanes estarán dispuestos, el día de después, a cargar con las consecuencias de esta huída hacia adelante.