Debemos

Eran las dos de un mediodía cualquiera. Como de costumbre en Valencia durante el invierno, el sol azotaba al frío e intentaba, esta vez sin mucho éxito, someterlo. Salí de la boca del metro, en dirección al portal de mi edificio. No obstante, algo no era como de costumbre. Algo no estaba en su sitio. Así que volví la cabeza sobre mis pasos y allí, a unas decenas de metros, en la bocacalle, un murmuro llamó mi atención. Un grupo -bastante heterogéneo- de personas cuchicheaba dirigiendo su mirada hacia lo alto de un edificio. Me acerqué, sin otra pretensión que conocer lo que ocurría.

– Una mujer, que se ha tirado por la ventana,-sudor frío.- Pero tú, que eres joven, nunca lo hagas, ¿eh? (risas) -trago saliva impactado.

María -que no su nombre real- tenía 90 años. Su nieta había estado cuidando de ella toda la mañana, pero había bajado al horno colindante a su edificio para recoger la compra. Fueron esos escasos 10 minutos los que sirvieron a María para, de forma premeditada o no, caminar hasta la ventana de su salón, mirar hacia abajo -qué valor,- y dejarse caer al vacío esperando que el suelo la recogiera. No quiero siquiera pensar cuál será el estado anímico de su nieta tras lo sucedido. Y del conserje, que afirma haber visto la escena desde el suelo y, automáticamente, quedarse traumatizado.

Preocupantes datos

Como María, son muchas las personas que deciden, motu proprio, cada año, poner fin a sus vidas. Concretamente, 3.910 se suicidaron en 2014. Pero, para poner en contexto este dato, hay que saber que es más del doble de las muertes por accidente de tráfico y más del cuadruple de las que deja el SIDA. De media, se quitan la vida en España más de 10 personas al día. El suicidio es la primera causa externa de muerte.

evolucion

La evolución es realmente preocupante. Excepto contados descensos puntuales, el aumento de los suicidios en España no ha cesado. Si en 1980, eran cerca de 1.600 suicidios, en 2014, podíamos contar casi 4.000. ¿Cuáles son las razones que podrían explicar este incremento de más del doble en 34 años?

En primer lugar, podríamos pensar que el aumento de la población daría sentido a estos datos. No obstante, si ahondamos en el historial demográfico, nos damos cuenta de que la población ha aumentado un 24% respecto al crecimiento de un 136% que han experimentado los suicidios en el mismo período.

¿Es que, acaso, el nivel de felicidad de los españoles está decayendo progresivamente? La inexactitud con la que se puede medir la felicidad de los ciudadanos nos dificulta poder responder contundentemente. No obstante, podemos fijarnos en enfermedades como la depresión y en síntomas como la ansiedad. Entre el 2000 y el 2013, el consumo de antidepresivos y ansiolíticos se triplicó [1]. No obstante, esto no ha hecho, como hemos podido comprobar, que esta sangría se detuviera.

por-sexo-y-edad

Aproximadamente, por cada mujer que se suicida, son 3 los hombres que lo hacen. Y no es un hecho puntual, sino que es la tónica en todo el mundo. Y si nos centramos en el factor edad, la mayor incidencia se dá en las edades más avanzadas.

El silencio

El efecto contagio es la razón por la que este asunto se trata con reticencia desde las instituciones y desde los medios de comunicación. Podemos encontrar algunas -pocas- noticias al respecto, y pocas veces en lugares de fácil acceso, sino en recónditos resguardos del archivo.

¿Es lícito este silencio o debería ser cuestionado? Para ello, es necesario preguntarse antes si hablar del suicidio verdaderamente genera más suicidios o es el tratamiento de estas informaciones el que acaba derivando en un efecto contagio. Lo que está claro, y a los datos me remito, es que la estrategia del silencio que se ha seguido hasta ahora no ha llevado a buen puerto.

Se ha comprobado que los tintes sensacionalistas y efectistas son los que generan este contagio en la población, especialmente en aquellas personas más vulnerables. Es por ello que los medios de comunicación deberían informar acerca de esta lacra que, cada año, se lleva a más gente. Pero no como lo hacen con la gran mayoría de asuntos públicos. Sino dejando de lado las informaciones escandalosas y amarillistas. Dejándose de indignos teatros comerciales y centrándose en las víctimas.

Y es que, no se puede poner fin a un problema de envergadura social si nunca se pone sobre la mesa, sobre las pantallas, sobre el papel. ¿Cómo vamos a actuar sobre algo que creemos inexistente o cuasi erradicado? Solo se puede concienciar así, desde el reflejo más fiel, sin alejarnos de la prudencia y el respeto.

Algo estamos haciendo mal. Algo no está en su sitio. Algo no va bien. En algo hemos fallado si contamos por miles las personas que deciden no seguir con sus vidas. No es algo puntual, no. Es un problema estructural. Y, como problema estructural, debe haber una estructura detrás que lo promueva. ¿Debemos cuestionar nuestro modo de vida desde sus más profundas entrañas? Debemos. Nos lo debemos.

 


[1] Informe de utilización de medicamentos U/AD/V1/14012015. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. 14 de enero de 2015.