Pobres ignorantes

Tienes toda la razón. La gente no sabe votar. Es que no todo el mundo debería poder votar. Los resultados de las elecciones estadounidenses son el perfecto retrato de una sociedad inculta. Yo, sinceramente, no sé en qué pamplinas estaría pensando el trabajador de Ohio para votar al impresentable del flequillo —este no lleva coleta—. Le han lavado el cerebro, sin duda. Y yo solamente encuentro dos posibles causas para cometer tal disparate: o estás loco o eres tonto.

Precisamente, 2016 ha sido un año en el que te has ido estremeciendo con resultados democráticos que no concuerdan, en absoluto, con verdades que considerabas absolutas.

El brexit fue la primera ocasión. ¿Quién, en su sano juicio, votaría por salir de la Unión Europea en un contexto mundial de globalización y de construcción de superestados? La respuesta fue unánime: los xenófobos, los ignorantes y los viejos. Es decir, esa parte de la sociedad que no debería tener la capacidad legal de expresar su opinión infundada en las urnas.

La victoria de Trump nos vuelve a dejar noqueados. Los xenófobos, los ignorantes y los viejos han vuelto para hacer de este mundo, un infierno. Nos han vuelto a demostrar que no son capaces de pensar por ellos mismos y que la retórica de este iluminado ha conseguido confundir sus mentes acríticas.

Nosotros, tu y yo, que analizamos todas las cabeceras para que no nos laven el cerebro, que leemos a Nietszche cada mañana café en mano; que desahuciamos la televisión de nuestras vidas porque amasa nuestros ideales; que somos inmunes a la publicidad, a la propaganda y al populismo; que llenamos nuestras estanterías con libros de renombre académico; que reflexionamos, todas las noches —y sin haber consumido estupefacientes,— sobre los conceptos de democracia, libertad, individuo y demás culteríos al alcance de pocos eruditos; no conseguimos entender estos disparates que ocurren en el mundo.

Y después de tantas doctas lecturas sobre nuestros cultivados hombros, concluimos que la causa de estos resultados reside en la tontificación del ideario social, seducido por los Jersey Shore, los Gran Hermano, las Belén Esteban e incluso por los Gran Wyoming, imágenes de una generación que ha entregado su capacidad racional a cambio de una diversión más que vacía y que no ha tenido la suerte de llegar a ser tan ilustrada como nosotros.

Pobres ignorantes.

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